Jack-o-Lantern
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- Leyenda de América del Norte -

Había una vez un herrero más aficionado al aguardiente que al fuelle y al martillo. El lunes por la mañana cogía una borrachera que le duraba hasta el lunes siguiente. Entonces cogía otra nueva.
Un día que estaba jurando como un condenado, llamaron a la puerta y entró el Diablo. Venía a llevárselo. Pero el herrero suplicó y lloró tanto, que el Diablo le propuso un trato: vendría por su alma dentro de un año, y en tanto le prestaría su ayuda. Y entonces el Diablo hechizó la silla y el martillo del herrero. Quien se sentara en la silla no podría levantarse hasta que el herrero le diera permiso, y quien cogiera el martillo tendría que estar golpeando con él hasta que el herrero quisiera. Con esto podría sacar mucho dinero.
Pasó el año y se presentó el Diablo. El herrero, que le vio venir, fingió que estaba trabajando en una herradura y le rogó que se sentara hasta que terminase su trabajo. El Diablo se sentó en la silla encantada y no se pudo levantar. El herrero se burlaba de él, y al fin, con la promesa de que le dejase otro año de plazo, le dio permiso para levantarse.
Pasó otro año, y el Diablo se presentó de nuevo. Otra vez fingió estar ocupado el herrero, y le pidió ayuda para acabar antes. Cogió el Diablo el martillo hechizado y tuvo que golpear hasta que el herrero le liberó de la tarea a cambio de otro año de plazo.
Acabado el año, volvió el Diablo por tercera vez. El herrero suplicó y lloró; pero esta vez el Diablo lo metió en un saco y se lo llevó. En el camino se encontraron unos hombres. Y el Diablo se les unió, con la idea de cazar alguno más. Y hablando con ellos, llego la hora de comer. Se sentaron a la mesa, y el Diablo metió el saco debajo, junto a los de los otros hombres.
Tan pronto como el herrero se sintió en el suelo, se escapó del saco y puso otro en su lugar.
El Diablo recogió su carga y continuó el camino hasta llegar a su morada. Al llegar, llamó a los diablillos, que acudieron hambrientos, gritando:
- ¿Qué nos traes, padre?
Abrió el saco, y salió un enorme perro de presa, que les dio un gran susto.
Al fin, el herrero murió y se presentó en el cielo; pero no le dejaron entrar. Entonces se fue al infierno, y llamó; pero tan pronto como el Diablo le vio, dijo:
- Te burlarás de mí.
Y le cerró la puerta.
Desde entonces el herrero va del cielo al infierno y del infierno al cielo, y se le ve brillar en las noches oscuras. Por eso le llama la gente Jack-o-LanternJuan linterna.
 

Extraída de la Antología de Leyendas de la Literatura Universal
seleccionadas por D. Vicente García de Diego
para Ed. Labor - Barcelona. 1953


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