Kior Yiban
--- * ---

- Leyenda de Turquía -

Murió el sacristán de la sinagoga de Chumla y en toda la ciudad no se encontró otro para ponerlo en su lugar. Vino, por fin, uno de Rasgrad, joven y casado con una mujer muy bella.
Encontró el matrimonio una casa vacía, en el barrio de los turcos, y allí fueron a vivir.
El sacristán se iba todas las mañanas, al salir el sol, a la sinagoga, para abrir la puerta a los primeros fieles. A la misma hora, aproximadamente, los sacerdotes turcos salían de sus casas para ir a la mezquita.
La mujer del sacristán judío le acompañaba todas las mañanas hasta la puerta de la casa, y allí se quedaba para decirle adiós cuando volvía la esquina.
Viéronla una mañana dos sacerdotes turcos y quedaron prendados de su belleza. Quisieron decirle que estaban enamorados de ella, pero no sabían cómo, ya que no conocían la lengua hebrea y la mujer no entendía el turco.
Encontraron a un chico llamado Abraham y le preguntaron si sabía hablar en turco. Contestó el muchacho que sí, y le dijeron entonces que les escribiera en un papel cómo se decía en hebreo «te quiero». El muchacho lo escribió y los dos sacerdotes se lo aprendieron de memoria. Cuando al día siguiente pasaron por delante de la casa del sacristán de la sinagoga, estaba la mujer en la puerta, mirando a su marido que se acababa de marchar. Se acercaron a ella y, uno detrás de otro, le dijeron: «Te quiero.»
Desde entonces, todos los días, por la mañana, al pasar delante de la señora, repetían las mismas palabras. Ésta, molesta ya por la impertinencia, se lo comunicó a su marido, quien le aconsejó que si al día siguiente se lo volvían a decir, los citara en su casa: a uno, a las cuatro, y al segundo a las cuatro y media.
Así lo hizo la mujer al día siguiente.
Cuando llegó el marido, le dijo que estaban citados los dos turcos. Éste preparó dos grandes toneles llenos de agua.
Cuando llegó el primer turco, la mujer, siguiendo las instrucciones del sacristán, empezó a decir de pronto que venía su marido y le hizo esconderse dentro de uno de los toneles. Cuando media hora más tarde vino, el segundo, hizo lo mismo.
Llegó el marido, esta vez de verdad, y subió a ver qué pasaba en los toneles. Encontró a los dos sacerdotes turcos ahogados.
La mujer empezó a llorar y a gritar. Su marido le recomendó que se calmara, que todo se arreglaría. Llamó a Kior Yiban, que se dedicaba a hacer recados en el barrio y era muy amigo de los judíos: tanto como enemigo de los turcos.
Le contó lo que había pasado; pero le habló sólo de un sacerdote. Kior Yiban encontró muy pronto la solución al problema. Al otro día, al amanecer, él iría con un saco. Meterían en él al sacerdote, lo cargarían sobre su asno y se iría al río Kamehi para echarlo.
Así lo hicieron. Pero cuando volvió a la casa del sacristán para cobrar la recompensa que éste le habla prometido, la mujer empezó de pronto a, llorar y gritar, diciendo que el turco estaba otra vez dentro del tonel. Había salido del río y había vuelto, a la casa.
Subieron, para comprobarlo, el sacristán y Kior Yiban y vieron que la mujer decía la verdad. En el tonel, estaba el turco, ahogado.
Yiban dijo que al día siguiente volvería otra vez al río con el sacerdote. Esta vez le ataría una piedra al saco, para que no pudiera volver a salir.
Contento el sacristán por el engaño, que tan bien le había salido, lo prometió veinte monedas si no dejaba de ir.
Kior Yiban, antes de salir el sol, estaba ya en casa del sacristán. Cogió al segundo turco - que él creía ser el mismo del día anterior - y le ató al saco, donde le metió una gran piedra. Lo echó al río, y se quedó un buen rato para ver si volvía a subir.
Mientras estaba esperando, vio de pronto que por la orilla del río venía un sacerdote turco. Convencido de que era el mismo, que volvía a escaparse, corrió tras él, le cerró un lazo al cuello y lo derribó. Cuando le tuvo en el suelo, le dio un golpe tremendo y lo mató. Lo metió en un saco y lo echó al río.
Así, convencido de que había echado al río un solo sacerdote turco que había muerto ahogado en casa del sacristán, echó tres: los dos ahogados, más el que mató él.
 

Extraída de la Antología de Leyendas de la Literatura Universal
seleccionadas por D. Vicente García de Diego
para Ed. Labor - Barcelona. 1953


ir al Índice de los Mitos y Leyendas ir al Índice General de Hadaluna

Fondo y botones de estrella: *Dreamy's Backgrounds*
Botones índice y de navegación: El Taller de Marga

<bgsound src="../xtras/DeBoer.mid" loop="infinite" volume="100">
Midi usado con permiso del autor
es copyright © 2000 Bruce DeBoer

HadaLuna se imaginó sobre la obra BlueMoon de ©Amy Brown
usada y modificada aquí con permiso expreso de la artista


Escribe a HadaLuna tus sugerencias, críticas u opiniones
o firma en su Libro de Visitas que encontrarás en la Página Índice