Don Dimas de la Tijereta
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- Leyenda del Perú -

En los primeros años del siglo XVIII vivía en una ciudad del Perú un escribano conocido con el nombre de don Dimas de la Tijereta. Era un hombre de aspecto estrafalario, astuto y embustero, y sus picardías le habían creado una aureola de popularidad.
Ya siendo viejo, se enamoró perdidamente de una hermosa muchacha de veinte años llamada Visitación. Pero ni los regalos ni los agasajos del viejo escribano pudieron conseguir que la joven se rindiese. Y no sólo le rechazaba tantas cuantas veces se acercaba a ella, sino que llegó a burlarse de su aspecto estrafalario.
Y un día, herido por el despecho, cuando se había retirado a pasear por el Cerro de las Ramas, ofreció en voz alta su alma al diablo a cambio del amor de la muchacha. No se hizo esperar la respuesta de Satanás y al momento apareció ante los ojos de don Dimas el diablo Lilit, recadero del Príncipe de las Tinieblas. Se hizo un pacto entre los dos, y el propio escribano redactó el contrato. Por él se comprometía a entregar su almilla al cabo de tres años, si la bella Visitación le daba su amor.
Volvió don Dimas al pueblo y se dirigió a casa de la muchacha. Todo ocurrió como se lo había prometido. Visitación, en cuyo corazón había encendido Lilit el fuego del amor, le recibió con los brazos abiertos.
Al cabo de los tres años justos, don Dimas se vio transportado repentinamente al Cerro de las Ramas. Allí se encontró con Lilit, quien le notificó que había pasado el tiempo convenido y que había llegado la hora de cumplir el contrato. Don Dimas no se inmutó y comenzó a desnudarse lentamente. No era necesario que lo hiciese así, dijo el propio Lilit, pues él tenía fuerza suficiente para llevarlo con ropa y todo; pero como aún quedaban unos segundos para que se cumpliesen los tres años, el diablo le dejó que hiciese su gusto. Entonces don Dimas, entregándole su jubón o almilla, le dijo:
- Deuda pagada. Venga mi contrato.
Lilit no entendía bien lo que el escribano quería decir, y sin hacer caso de sus protestas, cargó con él y se lo llevó al infierno. Y allí llegaron, armando tan gran alboroto, que Satanás quiso enterarse de lo que pasaba. El escribano explicó, como hombre entendido en leyes, que lo que con él se hacía no era legal, y pidió pleito. Se acordó que así se hiciera. Se nombraron los jueces entre los condenados que lo habían sido en la tierra, y el pleito se falló a favor del escribano. Había éste cumplido al pie de la letra su contrato.
Don Dimas volvió a la tierra y fue derecho a reunirse con su amada; pero el hechizo diabólico que la había lanzado en sus brazos se había destruido y el arrepentimiento la había llevado a profesar en un convento.
Así fue como don Dimas perdió a Visitación y se desprendió de su almilla. Y se dice que desde entonces los escribanos no han vuelto a usar esta prenda.
 

Extraída de la Antología de Leyendas de la Literatura Universal
seleccionadas por D. Vicente García de Diego
para Ed. Labor - Barcelona. 1953


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