Una leyenda de Dante
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- Leyenda de Italia -

Pretende la tradición que el altísimo poeta florentino Dante Alighieri, de fama inmarcesible, vivía en Florencia cerca de la familia de los Adimari, y que habiéndose visto en cierta ocasión un joven caballero de aquella familia en situación apretada, pues por no se sabe qué delito iba a ser juzgado por un magistrado amigo de Dante, a éste acudió en su cuita el caballero, para que le recomendase como pudiese.
Prometióle Dante hacerlo, y después de comer y ataviarse, se encaminó a casa del juez, pasando por la Puerta de San Pedro. Quiso el azar que lo hiciese en el momento en que un herrero que allí tenía su herrería se hallaba batiendo el hierro sobre el yunque, al tiempo que canturreaba, marcándose el ritmo de su trabajo. Como llegasen a oídos de Dante algunos cabos de la letrilla, puso atención y comprobó que lo que el herrero cantaba era justamente la Divina Comedia, adulterada con mutilaciones y adiciones de la propia cosecha.
Sin decir palabra, Dante entró en la forja, y tomando el martillo, lo tiró a la calle, y arrojó después las tenazas, y luego la cizaña, y cuantas herramientas halló a mano.
Ante tan extraño asalto, había quedado el herrero desconcertado y sin saber qué decir; mas recobrándose pronto y montando en cólera, se encaró con el desconocido asaltante y le increpó:
- Pero ¿qué demonios estáis haciendo? ¿Os habéis vuelto loco?
- Y tú ¿qué haces? - replicó Dante.
- ¿Qué hago yo? ¿Pues no lo veis? Trabajo en mi oficio de herrero y vos venís, sin más ni más, y os ponéis a arrojar a la calle mis herramientas, echándomelas a perder.
- Pues si no quieres que te estropee tus herramientas, hazme el favor de no maltratar las mías.
- ¡Pero vos estáis loco! ¿Qué es lo que os echo yo a perder?
- Te lo diré - tú estás cantando lo que yo escribí, y no lo cantas como lo escribí yo, sino como un beodo, quitando y poniendo donde se te antoja, con lo que me lo echas a perder, y con él mi oficio, que no tengo otro que el de escribir.
Muy resentido y bufando, pero sin saber qué decir, agachó las orejas el herrero, salió a recoger sus bártulos, y en lo sucesivo dejó en paz la Divina Comedia y se conformó con cantar, cuando se hallaba en vena, Tristán y Lancelote.
 

Extraída de la Antología de Leyendas de la Literatura Universal
seleccionadas por D. Vicente García de Diego
para Ed. Labor - Barcelona. 1953


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