El triunfo del «viracocha»
--- * ---

- Leyenda de Bolivia -

Reinaba en las regiones de Cuzco el rey Yahuar-Huacaj, cuya conducta dejaba mucho que desear con respecto a su pueblo. Sus súbditos, cansados de la opresión, se lamentaban más y más cada día de su rey, y llegaron incluso a preparar contra él una sublevación.
Yahuar-Huacaj tenía un único hijo que constantemente hacía ver a su padre la necesidad de cambiar de conducta; pero el Rey, no sólo no hacía caso de los prudentes consejos del príncipe, sino que, cansado un día de sus recriminaciones, le expulsó de Palacio, obligándole a abandonar la corte.
Tristemente, el príncipe se alejó de su patria, contento, no obstante, por haber sido sincero, y durante mucho tiempo vagó sin rumbo fijo por montes y ciudades. Un día, agotado por la fatiga de la pesada marcha, se recostó, medio desfallecido, a la sombra de un árbol. Acababa de cerrar los ojos, cuando se le apareció en sueños la extraña figura de un hombre de estatura descomunal, que vestía una larga túnica. Todo en él era grande: los ojos, de un tamaño desconocido; la cabellera, abundante, le caía por la espalda, y la barba, igualmente larga y espesa. Al cuello llevaba un animal que el príncipe no supo reconocer; tenía piel oscura y un hocico puntiagudo.
El príncipe escuchó de sus labios algo que le sorprendió. La aparición le hizo saber que le conocía a él y a su pueblo, y que estaba enterado de que la nación chanca quería destruir Cuzco. Hancahuaillo, Tumay-Huaraca y Astu-Huaraca dirigían el movimiento. Le recomendó a continuación que advirtiese a su padre de todo esto y que se dispusiera a la lucha. Añadió que si confiaba en él, su triunfo sería seguro y decisivo.
No bien le hubo hecho esta advertencia, desapareció. El príncipe, cuando despertó, sobresaltado, por las palabras de la aparición, se dispuso a emprender el camino hacia la corte. Después de algunos días de camino, llegó a presencia de su padre, y refirió ante todos los ancianos consejeros del reino cuanto había oído de labios de aquella providencial aparición.
Yahuar-Huacaj, atemorizado ante tales noticias, ordenó al príncipe que organizase rápidamente la defensa corno quisiera, demostrándole así que confiaba plenamente en él y estaba pesaroso de su antigua conducta. Pero con el correr del tiempo, el Rey volvió a alimentar en su ánimo la antigua prevención contra su hijo, y un día, decidido a prescindir definitivamente de su colaboración, de la cual desconfiaba, mandó que fuera maniatado y conducido a lo más profundo del bosque, abandonándole allí a su propia suerte.
A pesar de que el Rey se arrepintió, poco después, de su injusto proceder para con su hijo, la predicción de la aparición se cumplió al poco tiempo, y lloró lágrimas de sangre, que es lo que quiere decir su nombre Yahuar-Huacaj. Sublevados los chancas, no tardaron mucho en invadir Cuzco, y el Rey, seguido del pueblo, tuvo que huir de allí para refugiarse en la angostura de Muyna.
El príncipe, entonces, al comprobar la tragedia que vivía su padre, recordó las palabras de la aparición, que le había prometido la victoria si confiaba y se aprestaba a la lucha, y abandonó el bosque para ir en busca de sus hombres. Rápidamente consiguió que le siguieran unos pocos, y, acto seguido, reunió a los cortesanos para reprochar a todos su cobarde conducta. Sin perder más tiempo, y seguido de un exiguo ejército marchó a Cinchasuyo, para presentar batalla a los rebeldes. Y he aquí que cuando las dos fuerzas entraron en contacto, lejos de resultar desigual la lucha, como parecía, por el número de hombres de uno y otro ejército, se hizo dura y sangrienta, sin que los confiados chancas pudieran comprender bien lo ocurrido. Los cadáveres de los partidarios del príncipe eran muchos, y, sin embargo, el ejército parecía no haber disminuido. En efecto, misteriosamente, se unían al príncipe nuevos hombres que luchaban con extraordinario coraje. Árboles y piedras se convertían en soldados con tal rapidez, que cuando llegó la noche no sólo la llanura, sino también los montes cercanos, estaban cubiertos por una ingente multitud de hombres, cuya sola presencia bastaba para atemorizar a los chancas.
Derrotados al fin los rebeldes, y considerándose impotentes para iniciar un nuevo combate, el ejército chanca aprovechó la oscuridad de la noche para huir precipitadamente de allí.
El príncipe victorioso, reconocido como el más valiente y decidido de todos los hombres de Cuzco, ocupó el trono de su padre por imposición popular. Y la célebre llanura donde llevó a cabo la inolvidable hazaña fue conocida desde entonces por los Incas con el sobrenombre de Yahuar-pampa; es decir, «campo de la sangre», en recuerdo a la extraordinaria mortandad de chancas que en ella tuvo lugar.
La figura del príncipe se hizo tan popular en Cuzco que su historia continuó viva, transmitiéndose de padres a hijos durante varios siglos. Los españoles, cuando conquistaron estas tierras, la guardaron también en su memoria, y la extraña aparición de la descomunal figura a quien el príncipe debió su colosal victoria fue identificada por los españoles con la San Bartolomé, en un natural confusionismo de razas y religiones.
 

Extraída de la Antología de Leyendas de la Literatura Universal
seleccionadas por D. Vicente García de Diego
para Ed. Labor - Barcelona. 1953


ir al Índice de los Mitos y Leyendas ir al Índice General de Hadaluna

Fondo y botones de estrella: *Dreamy's Backgrounds*
Botones índice y de navegación: El Taller de Marga

<bgsound src="../xtras/DeBoer.mid" loop="infinite" volume="100">
Midi usado con permiso del autor
es copyright © 2000 Bruce DeBoer

HadaLuna se imaginó sobre la obra BlueMoon de ©Amy Brown
usada y modificada aquí con permiso expreso de la artista


Escribe a HadaLuna tus sugerencias, críticas u opiniones
o firma en su Libro de Visitas que encontrarás en la Página Índice